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Cada día tenía un nombre distinto

La máquina de coser sirve de escritorio

No penetres mi mundo

Estacas de luz desgajan mis ojos, espejos sin mi imagen

Oscuros pensamientos

Ciudad desesperada de moleskines escondidos entre mi brazo

Gritando!

Irradiando en la oscuridad

El silencio no existe

Oscuros pensamientos

viernes, 22 de noviembre de 2013

Luci

Luci.



Ya soy parte de este paisaje. Treinta años en la misma esquina, me hacen parte de la piel de ese lugar.
He cambiado mi tinte del cabello alrededor de 400 veces sino es que más. Al principio me lo decoloraba para que tomara fuerza el rubio, ahora lo tiño de oscuro para que las canas no se noten.  Los clientes eran jóvenes inexpertos, después casados descompuestos y ahora, ahora uno que otro perverso. Eso sí va bien.
He visto llover  en esta esquina miles de veces. Pero tantas veces como hombres llovieron en mí.
La pintura en la cara me ayudaba a parecer mayor cuando tenía 18. Hace unos quince años me ayudaba a lucir bella, y ahora solo me ayuda para intentar dibujar una sonrisa donde no la hay.
Mi ropa sigue siendo la misma según la temporada. Prefiero a la vieja usanza de usar colores y lentejuelas, esos looks de ahora no me gustan del todo. Uso mi cabello al puro estilo Julia Roberts, e incluso tengo un par de botas tal como las de ella.
Es que en estos treinta años, pareciera que no ha pasado nada especial: cero besos, felaciones de a $100, modo tradicional $500 más el cuarto de hotel. No tengo sexo por el culo, porque a fuerza de talonear se me ha roto todo.  Y soy de las que se piensa que sí ya no hay nada para
el corazón, mucho menos para el culo.
Mañana entro al quirófano.  Me pondrán un marcapasos, porque mis horas están contadas. Y aunque tengo instrucciones precisas de no salir al talón.  Creo que ya no tengo remedio.
Pero no me diga usted que me despierte, por favor,  se siente distinto el día de hoy. Escucho su respiración, escucho su voz, y pienso que le conozco de otras vidas. De otras vidas. De todos ellos que entran y salen de entre mis piernas y me dan las gracias. He servido a la patria más que el mismo presidente. 
Déjeme usted descansar.  Sí gusta puede marcharse, yo esperaré a que salga el Sol.




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